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Hotel Plaza de Castejón de Sos

 

 

 

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TURISMO RURAL
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HOTEL PLAZA DE CASTEJÓN DE SOS

 

Las primeras líneas de la historia de este pequeño hotel rural de Castejón de Sos, en el Pirineo de Huesca, empezó a escribirlas en los años cuarenta la abuela María Rosa. Viuda y con siete hijos  se las ingenia para salir adelante haciendo comidas por encargo  y  alquilando  alguna habitación a  la poca gente de paso que por aquellas fechas se acercaba hasta el valle. 

La reforma de estas  habitaciones sueltas dio lugar a una modesta fonda  en cuya cocina de leña  humeaban los pucheros y las cacerolas.  La joven Ramoneta, hoy  abuela resignada, se encarga de los fogones. Corren los años 60. Sabores y aromas de cocina casera  reciben a los tratantes de ganado, funcionarios de paso,  y también a los primeros veraneantes atraídos por los tresmiles.

Los tiempos  cambian, Castejón crece, y  aumenta la demanda de servicios.

Marisa, hija de José y Ramoneta, cuando debe tomar el relevo de sus padres, piensa en marcharse como lo hizo otra gente de su generación, pero se revela ante el hecho de tener que abandonar un patrimonio que trasformándolo podría rentabilizarse.

La actividad familiar consistía en hospedaje y algo de ganadería. Pero ella sabe que para sobrevivir  es preciso  adaptarlo todo a los nuevos tiempos  y no tiene claro casi nada excepto que lo suyo no son los pucheros ni el viejo hostal como se lo han dejado sus padres. Y que todo cambio exige mucho esfuerzo.

 Es ahora cuando  surge la ocasión de vincularse al Turismo Verde, un plan de desarrollo de la Diputación de Huesca que tiene entre sus objetivos el de fijar población y aprovechar  una nueva corriente de  turismo alternativo y que deberá favorecer a zonas en las que no existe el turismo convencional.

Marisa apuesta fuerte, decide quedarse y  empieza  a trasformar el hostal  en lo que hoy es el Hotel  Plaza con sus 12 habitaciones. Son los años noventa. Quiere  hacer bien lo que piensa que mejor puede hacer: ofrecer sólo  un alojamiento de calidad.

Decide cerrar la cocina y al mismo tiempo empieza a  recuperar todos los zarrios (palabra aragonesa) que sus padres arrinconaron por inservibles. Toda una rebeldía que no sabemos bien como encajaron sus padres.

 El viajero goloso disfrutara  de los desayunos con sus   mermeladas caseras o las tostadas de pan de pueblo con ajos del huerto que su padre cultiva en la parte de atrás del hotel,  untadas con aceite virgen  del somontano.

 Pero Marisa no lleva delantal ni sabe plantar un huerto .Probablemente no sepa tampoco hacer un buen guiso de cordero o  ternera. Pero sabe muy bien como atender a una clientela cada vez más urbana, con gustos  urbanos que se acerca hasta el medio rural buscando  rincones distintos donde refugiarse y desconectar. Sin más compromisos.

 Su decoración está muy cuidada. Sólo llegar trasmite aire fresco, después resulta familiar, y terminas por abandonarte a los sentidos prescindiendo de ella. Cuando el viajero se marcha cae en la cuenta de que durante su estancia un duende escondido le ha estado recordando que  en estas modernas instalaciones perviven el respeto al pasado y una apuesta rotunda hacia el futuro.

 El viajero tiene que saber que estamos ante una  oferta nueva. Estamos  hablando de  Turismo rural diferente que debe cumplir el requisito fundamental de toda actividad económica. Ofrecer el mejor   producto, dar un buen servicio y ser rentable  por si mismo, no justificado como  actividad complementaria.

 Durante estos  últimos tiempos Castejón de Sos  cambia y crece. A catorce Km. de Benásque aprovecha el tirón de las pistas de esquí de Cerler y a la vez se inventa  así mismo como punto de referencia a nivel mundial para los amantes del parapente. Turistas atraídos por  la naturaleza ya se acercan todas las épocas del año. Esta localidad  es  hoy un centro comercial y de servicios que ofrece al visitante   un ambiente de pueblo pequeño del que no hace falta salir para tenerlo todo. En una de sus plazas  este hotel es una muestra de  adaptación  a los  tiempos y una referencia obligada de lo que  tenemos que   presentar como un turismo rural diferente que necesariamente exige una dedicación importante, sino  exclusiva, y  que en consecuencia debe ser rentable.

 En la provincia de Huesca esta nueva generación de alojamientos y profesionales  se encuentran agrupados en torno a la marca Turismo Verde.